
Puedo emular sus movimientos más tristes esta noche
emular, por ejemplo
el contoneo perezoso de su pelvis
que me hacía estallar en risas
y entonces como sacando un megáfono
le decía que le quería
y cantaba adivinanzas mudas
y yo intuía que le gustaba
y me partía en dos la sola idea.
Puedo emular sus besos más tristes esta noche
a veces me vine y el también lo hizo.
En noches cómo está le tuve entre mis piernas
y le enmarcaba con ellas la cara,
como la foto familiar que imagino en la sala de su casa
aquella por la que esta orgullosa su mamá.
Yo me vine, a veces, el también se venía.
Puedo emular sus caricias más tristes,
emular que está conmigo
aunque no lo estará más.
Oir un tambor en mis oídos
agitado, como si estuviera
y mis manos cansadas caen al borde de la cama,
como su muñeca en mi espalda,
antes de empezar a roncar.
Y más nada, apenas un estornudo de lo que un día fue un remolino en las entrañas.
Como para sentirlo
me acomodo sentada
mi vientre lo busca
pero ya no está conmigo
Ya no me vine, es cierto
pero como quise venirme de nuevo
De otra tonta, será de otra
porque en noches cómo está
tuve su barba por pubis
y este no se contenta
con emularlo sin sentirlo.
Aunque este sea el último de mis alientos
y el último placer que le dedico.

